jueves, 16 de febrero de 2012

Duermes a un costado mío...


Duermes a un costado mío con tu cuerpo ajeno a mis manos,
y nada en mí se mantiene en calma, una multitud de emociones;
simples y complejas,  plurales y singulares, verticales y horizontales,
se agitan por todo mi cuerpo, prolongando mi deseo insatisfecho.

Es una multitud irreverente e insolente, se atiborran uno al otro,
se aplastan sin piedad, sin solidaridad por compartir una parte tuya,
tanto el odio como el amor despliegan sus características
para ganar un lugar predilecto y apreciar en primera fila,
el espectáculo crepúsculo del movimiento de tu cuerpo.

Tus extremidades se estiran, se abren como una flor consintiéndome tu cuerpo,
cada movimiento tuyo mis ojos lo aprecian y seducen a la multitud necia
y la calma nace de tu aliento, cada parte tuya se despliega por toda la cama
y diluye las sabanas  ajustadas a tu cuerpo
y tu desnudez blanca es mi sol de un nuevo día.

Y entonces, la armonía es mía, no hay excesos, no hay carencias,
todo es equilibrio, es el mismo Dios quien juega al amor,
nos sujeta y mueve nuestros cuerpos, uno con el otro,
y no hay más por hacer, más que entregarme a la paz de tu cuerpo.

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